Rosendo y la "piratería"

Me encuentro en Barrapunto con una entrevista para el Periódico Digital (.pdf) del memorable Rosendo Mercado en la que habla de su nuevo disco (Lo malo es... ni darse cuenta) y del asunto de la piratería.

Tenía que ser alguien como él quien pusiese sensatez en todo esto. Y, por cierto, no me pierdo su concierto de presentación del nuevo disco el próximo 11 de Junio en Aqualung. Avisados estáis.

Os copio el fragmento referente al asunto de las descargas "ilegales".

-En la actualidad muchos grupos optan por colgar sus trabajos en internet para que la gente se los pueda descargar gratuitamente, ¿que te parece esa opción?

-Me parece una formula bastante razonable y, seguramente, si yo estuviera en esa situación también participaría. Preferiría que me piratearan a que no me conociera nadie. Soy realista. Yo ya he entrado en la dinámica profesional, el rollo de internet es legal y cada uno apechugamos con lo que nos toca. No se si se va a implantar en un futuro, pero yo ya llevo unos años en esta compañía y ya me he hecho al funcionamiento oficial de un proyecto, unos presupuestos, un estudio para grabar, etc. A mi me resulta más cómoda esta forma de trabajo y el resultado final es positivo. También se que estoy en un sitio donde no todo el mundo puede llegar, y me parece una salida muy razonable.

-¿Que te parecen las medidas que la SGAE está imponiendo para luchar contra la piratería?

-Yo soy socio de la SGAE, uno de los pocos estamentos que, se supone, defienden los derechos de los autores, y me siento protegido, y estoy con ellos. Pero entiendo que ahora todo ha evolucionado y hay una serie de historias contra las que es muy difícil luchar. También entiendo que no está bien que alguien que compra CD´s para grabar sus trabajos se le cobre un canon porque haya gente que piratee. Está claro que están cambiando los formatos. Internet se debería legislar un mínimo, porque yo no puedo decirle a nadie que no se baje música. Estoy convencido de que quien quiere tener un disco se lo compra. De todos modos, a mi el pirateo nunca me ha afectado excesivamente, de lo que vivo es de los directos. Nunca he vendido tanto para vivir de las ventas.

Más fotos de la Nevada de estas Navidades

Recordaréis que estas navidades las pasé rodeado de nieve en un pueblo de Burgos.

La cosa pasó de ser graciosa y curiosa, a estar cerca de convertirse en una catástrofe. Lo pasamos de puta madre, hasta que llego el momento de volver. Aún recuerdo los momentos de tensión en el camino de vuelta.

Me pasan un enlace con multitud de fotos de los efectos del temporal de nieve en Burgos capital. Se puede observar el proceso, aunque sigues sin poder hacerte a la idea de como estaba aquello, por muchas fotos que veas.

La foto panorámica que hicieron de la nevada histórica el día 27 no tiene precio.

Hay que reconocer que todo Burgos estaba precioso. Aunque la próxima vez, quizá prefiera verlo por la tele...

Robinson Crusoe

Acabo de terminar de leer la novela que llevó a la fama a Daniel Defoe, la archiconocida Robinson Crusoe.

Otro libro que no me ha decepcionado en absoluto, aunque esperaba más actividad y menos moralina. En algunos momentos la moralina está muy rebajada, pero su simple presencia me da cosa.

Como todos sabréis, el libro narra la historia de un hombre que va saltando de desgracia en desgracia hasta terminar sólo en una isla desierta. Pinta muy mal al principio, pero su ingenio y muchas dosis de suerte le permiten sobrevivir.

Faltan descripciones de la lógica que lleva en algunos de sus procedimientos, sólo pudiendo medir la dificultad en la cantidad de meses que le llevaba realizarlos, pero te puedes hacer perfectamente a la idea de lo que supone estar allí, completamente sólo deseando que aparezca cualquiera, que incluso puede ser tu perdición.

Me ha sobrado el final, que creo enlaza con el intento de hacer el libro más largo que luego se tradujo en escribir una segunda parte de la novela. Al fin y al cabo, son sólo unas páginas más, que ya se leen con desahogo.

En parte por el insomnio (cuanto más trabajo menos duermo) he leído el libro muy rápido, en unos siete días que más o menos equivalen a haberlo leído en siete sentadas.

Robinson Crusoe
Daniel Defoe

[...]
Robinson CrusoeFue poco antes de las grandes lluvias que acabo de mencionar, cuando me deshice de esto, sin advertir nada y sin recordar que había echado nada allí. À1 cabo de un mes o algo así, me percaté de que unos tallos verdes brotaban de la tierra y me imaginé que se trataba de alguna planta que no había visto hasta entonces; mas cuál no sería mi sorpresa y mi asombro cuando, al cabo de un tiempo, vi diez o doce espigas de un perfecto grano verde, del mismo tipo que el europeo, más bien, del inglés.

Resulta imposible describir el asombro y la confusión que sentí en este momento. Hasta entonces, no tenía convicciones religiosas; de hecho, tenía muy pocos conocimientos de religión y pensaba que todo lo que me había sucedido respondía al azar o, como decimos por ahí, a la voluntad de Dios, sin indagar en las intenciones de la Providencia en estas cosas o en su poder para gobernar los asuntos del mundo. Mas cuando vi crecer aquel grano, en un clima que sabía inadecuado para los cereales y, sobre todo, sin saber cómo había llegado hasta allí, me sentí extrañamente sobrecogido y comencé a creer que Dios había hecho que este grano creciera milagrosamente, sin que nadie lo hubiese sembrado, únicamente para mi sustento en ese miserable lugar.

Esto me llegó al corazón y me hizo llorar y regocijarme porque semejante prodigio de la naturaleza se hubiera obrado en mi beneficio; y más asombroso aún fue ver que cerca de la cebada, a todo lo largo de la roca, brotaban desordenadamente otros tallos, que eran de arroz pues lo reconocí por haberlos visto en las costas de África.

No solo pensé que todo esto era obra de la Providencia, que me estaba ayudando, sino que no dudé que encontraría más en otro sitio y recorrí toda la parte de la isla en la que había estado antes, escudriñando todos los rincones y debajo de todas las rocas, en busca de más, pero no pude encontrarlo. Al final, recordé que había sacudido la bolsa de comida para los pollos en ese lugar y el asombro comenzó a disiparse. Debo confesar también que mi piadoso agradecimiento a la Providencia divina disminuyó cuando comprendí que todo aquello no era más que un acontecimiento natural. No obstante, debía estar agradecido por tan extraña e imprevista providencia, como si de un milagro se tratase, pues, en efecto, fue obra de la Providencia que esos diez o doce granos no se hubiesen estropeado (cuando las ratas habían destruido el resto) como si hubiesen caído del cielo. Además, los había tirado precisamente en ese lugar donde, bajo la sombra de una gran roca, pudieron brotar inmediatamente, mientras que si los hubiese tirado en cualquier otro lugar, en esa época del año se habrían quemado o destruido.

Con mucho cuidado recogí las espigas en la estación adecuada, a finales de junio, conservé todo el grano y decidí cosecharlo otra vez con la esperanza de tener, con el tiempo, suficiente grano para hacer pan. Pero pasaron cuatro años antes de que pudiera comer algún grano y, aun así, escasamente, como relataré más tarde, pues perdí la primera cosecha por no esperar el tiempo adecuado y sembrar antes de la estación seca, de manera que el grano no llegó a crecer, al menos no como lo habría hecho si lo hubiese sembrado en el momento propicio.

Además de la cebada, había unos veinte o treinta tallos de arroz, que conservé con igual cuidado para los mismos fines, es decir, para hacer pan o, más bien, comida ya que encontré la forma de cocinarlo sin hornearlo aunque esto también lo hice más adelante.[...]

Sea Code

Os presento Sea Code, una nueva aberración que me llega a través del Txati, que lo vió en NoticiasDot.com.

Me quedo con la frase que cierra su página web: «With Hybird-SourcingTM SeaCode brings already offshored jobs back to the U.S. and assures that 90 cents of every dollar from our clients stays in the U.S. instead of flowing to foreign locations».

Sea Code, un barco factoría de... "programadores", un nuevo invento para abaratar costes


Barco de Sea CodeAnclará en la costa de San Diego y dará trabajo a unos 600 expertos programadores indios que viviran en este inmenso buque. La iniciativa es una "solución" a las trabas de la Administración estadounidense a otorgar nuevos permisos de trabajo y es, además, mucho más barato que terciarizar a miles de Km de distancia.

Una compañía informática norteamericana llevará programadores indios por los mares para trabajar como programadores y con sueldos paupérrimos, una posibilidad totalmente legal aunque cruel.

La compañía Sea Code decidió tercerizar proyectos en el agua. Así, contratará a trabajadores de la India para emplearlos a bordo del "crucero".

Los 600 empleados que piensa contratar Sea Code viviran en el buque por un periodo máximo de cuatro meses, donde deberán comer, trabajar y dormir mientras programan software para decenas o centenares de empresas estadounidenses.

Frente a los Ángeles


Los cerebros de este proyecto son un ejecutivo informático, Roger Green, y su coequiper, David Cook. Ambos planificaron esta aventura maritime y, aunque suene extraño, en la primera semana del lanzamiento del proyecto, su sitio web quedo casi colapsado por la cantidad de interesados en participar de la experiencia.

El crucero anclará justo frente a las costas de Los Angeles, pero a cinco kilómetros, que es el límite marítimo de aguas extraterritoriales. Así, estos empleados no estarán amparados por la ley laboral de Estados Unidos ni solicitar permisos de trabajo ni residencia.

La empresa, en tanto, es una compañía de software de San Diego, que con este proyecto apuesta a reducir costos laborales y vender programas y proyectos baratos para sus clientes.

Más barato que en la India


¿Por qué no instalar sus oficinas en el sudeste asiático en vez de llevar los empleados sobre el agua? Simplemente, por una reducción de costos. Enviar ejecutivos o técnicos desde países del tercer mundo les cuesta mucho tiempo y dinero. Sobre el agua, los empleados van tocando distintos continentes.

La otra razón es que en aguas internacionales, los costos laborales se reducen. La firma se hace cargo de los gastos de alojamiento y comida y además, como sucede con muchos tripulantes de barcos de bandera, la legislación laboral siempre beneficia al patrón del buque

Libros 2005

Aunque en su día me lo propuse, me resultará imposible llegar a leer 50 libros en el 2005. Ya me lo temía. Intentaré llegar a 15. Y si lo consigo, a 20, a 30, etc.

De cualquier modo, al igual que Pedro Jorge voy a ir guardando la relación de los libros que voy terminando de leer cada año. Siempre resulta interesante echarle un vistazo.

  1. Jan Potocki "Manuscrito encontrado en Zaragoza"

  2. Carlos Ruiz Zafón "La sombra del viento"

  3. Dan Brown "El código Da Vinci"

  4. Christopher Paolini "Eragón"

  5. Isaac Asimov "Yo, Robot"

  6. H.G. Wells "La guerra de los mundos"

  7. R.L. Stevenson "La isla del tesoro

  8. Daniel Defoe "Robinson Crusoe"

  9. Eduardo Mendoza "El misterio de la cripta embrujada"

  10. Julio Verne "La Vuelta al mundo en 80 días"

  11. Julio Verne "De la Tierra a la Luna"

  12. Julio Verne "Veinte mil leguas de viaje submarino"

  13. Julio Cortázar "Rayuela"

La Isla del Tesoro

Comienzo mi lectura de algunas de las principales novelas de aventuras con este clásico de Robert Louis Stevenson: La Isla del Tesoro.

Por fin he podido leer las aventuras y desventuras del joven Jim Hawkins, tras encontrarse con un mapa que señala la localización de un tesoro en una isla desierta. Durante toda la novela, tendrá que pasar por muchas situaciones que pondrán a prueba su coraje, destreza e ingenio. A bordo de La Hispaniola, de camino a la isla, empiezan las sorpresas para la tripulación.

Recomendada para todo el mundo, se lee muy rápido. Si en su momento comenté que Yo, Robot sentaba las bases de la robótica, esta novela nos describe perfectamente el comportamiento y saber hacer de todo buen pirata.

Os dejo el encuentro entre el joven Jim y John Silver, uno de los bucaneros más conocidos de la literatura universal.

La Isla del Tesoro
Robert Louis Stevenson

[...]
Cuando acabé de desayunar el caballero me dio una nota dirigida a John Silver, en la taberna El Catalejo, y me dijo que no tendría dificultad en encontrar el lugar: tenía que seguir por el muelle hasta llegar a una pequeña taberna con un gran catalejo de latón a modo de cartel. Eché a andar, emocionado ante la perspectiva de poder ver más barcos y marineros, y me fui abriendo camino entre una gran muchedumbre de gente y carretillas y fardos, pues el puerto estaba en su momento de máxima actividad, hasta que encontré la taberna en cuestión.

Era un lugar bastante agradable. El cartel estaba recién pintado, las ventanas tenían unas bonitas cortinas rojas y el suelo estaba barrido y cubierto de arena limpia. Se encontraba entre dos calles y tenía sendas puertas que daban a ellas, por lo que la espaciosa sala de la planta baja resultaba muy luminosa a pesar de las nubes de humo de tabaco.

Los clientes eran en su mayoría marineros y hablaban tan alto que me quedé clavado en la puerta y casi me dio miedo entrar.

Mientras me encontraba allí indeciso, salió un hombre de un cuarto lateral y, en cuanto lo vi, comprendí que aquél era John el Largo. Tenía la pierna izquierda amputada casi a la altura de la cadera y bajo el brazo izquierdo llevaba una muleta que manejaba con asombrosa destreza, saltando de un lado para otro como un pájaro. Era muy alto y fuerte y tenía la cara tan grande como un jamón, aplastada y pálida, pero de expresión inteligente y risueña. La verdad es que parecía que estaba de excelente humor y silbaba mientras iba de un lado para otro entre las mesas, dirigiendo a sus parroquianos predilectos una palabra amable o dándoles una palmadita en el hombro.

Para seros sincero he de decir que, desde que el caballera Trelawney mencionara por primera vez en su carta a John el Largo, se me había metido en la cabeza la idea de que pudiera ser el dichoso marinero cojo del que estuve tan pendiente en mi querida posada de Benbow. Pero me bastó echarle un vistazo al hombre que tenía delante. Yo había visto al capitán y al Perro Negro y al ciego Pew, y creía que era capaz de reconocer a un bucanero: alguien muy distinto, en mi opinión, de aquel tabernero aseado y cordial.

Al momento saqué fuerzas de flaqueza, crucé el umbral de la puerta y me dirigí al lugar donde estaba el hombre, apoyado en la muleta, conversando con un parroquiano.
- ¿El señor Silver, señor? -pregunté enseñando la nota.
- Soy yo, muchacho -me contestó-. A fe mía que ése es mi nombre. ¿Y tú quién eres?
[...]

El Astrólogo Fingido

He llegado a casa hace poco de ver El Astrólogo Fingido, de Pedro Calderón de la Barca, dirigida por Gabriel Garbizu.

Hacía tiempo que no me reía tanto en el teatro. Mucho tiempo. A la magnífica obra de Calderón, se une esta vez el genial trabajo de los actores, que no se quedaban en simples recitadores, como suele pasar otras veces.

En esta espectacular comedia todos los personajes están relacionados, creando lazos a través de mentiras, burlas y falsas apariencias.

Principalmente narra la historia de una dama, Doña María, pretendida por dos galanes, Don Juan y Don Diego, aunque ella desde el principio declara su amor al primero de ellos. El joven se esconde para evitar ir a luchar a Flandes, pero la criada de Doña María no puede guardar el secreto y se lo cuenta a su amante, criado del otro pretendiente. Este, desesperado, se hace pasar por astrólogo para intentar ganar el amor de la Dama.

Escenografía minimalista (una silla durante unos minutos es el único decorado) que no me suele gustar, aunque esta vez reconozco que era innecesaria, recayendo el peso de la obra en los versos y la manera de recitarlos.

El Astrólogo Fingido
Pedro Calderón de la Barca
El Astrólogo Fingido de Calderón de la Barca
Director: Gabriel Garbizu
Productor: Producciones Amara S.L.
Versión: Miguel del Arco y Gabriel Garbizu
Vestuario y Atrezzo: Almudena Rodríguez y José Luis Patiño
Reparto: Orén Moreno, Patricia Luna, Sergio de Frutos, Nicolás Vega, Lino Ferreira, Carlos Ibarra, Gabriel Moreno, Miriam Montilla, Eduardo Navarro y Javier Román.

La Guerra de los Mundos

Acabo de terminar la relectura de este mítico libro, La Guerra de los Mundos, que publicó H.G. Wells en 1898.

Quizá mi costumbre de fliparme con los sitios abandonados venga de la primera vez que lo leí. En este relato, la Desolación es un personaje más. No cuesta mucho imaginarse el Sur de Inglaterra totalmente arrasado, gracias a las generosas descripciones.

Como en muchos otros casos, la importancia del libro aumenta exponencialmente si tenemos en cuenta el lejano momento de su publicación.

Mitad advertencia, mitad ficción, para este relato que tomaría gran impulso en 1938 cuando un Orson Welles de 20 años sumió los E.E.U.U. en el pánico con su versión radiofónica.

Tenía que volver a leerlo después de tanto tiempo, ahora que van a estrenar la película de Spielberg y Cruise. De la que tampoco espero mucho, por otra parte.

La historia da para mucho más, pero con lo que ofrece es suficiente. Me temo que en la peli meterán mucho subproducto hollywoodiense.

Totalmente recomendable, imprescindible como tantos otros, con la ventaja de poder leerse en poco tiempo.

Os dejo con la primera aparición del famoso rayo calórico.

La Guerra de los Mundos
Herbert George Wells

La Guerra de los Mundos de H.G. Wells[...]
De pronto, hubo un destello de luz y una cierta cantidad de luminoso humo de color verdoso brotó del hoyo en tres bocanadas distintas, que se elevaron, una tras otra, rectas en el tranquilo aire.

Este humo (quizá «llama» fuera una palabra más adecuada) resultaba tan brillante que el cielo azul profundo y las brumosas extensiones de pastos comunales hacia Chertsey, salpicadas de negros pinos, parecieron oscurecerse bruscamente a medida que ascendía, y siguieron oscuros tras su dispersión. Al mismo tiempo se escuchó un débil silbido.

Más allá del hoyo, la pequeña cuña de gente, con la bandera blanca por delante, se detuvo ante ese fenómeno, formando un reducido grupo de pequeñas figuras verticales negras sobre el oscuro terreno. A medida que ascendía el humo verde, sus rostros destellaron con un olor verde pálido que se desvaneció de nuevo cuando aquel desapareció.

Luego, lentamente, el silbido se convirtió en un zumbido, en un largo y poderoso fragor. Una figura jorobada se alzó del hoyo con penosa lentitud y el fantasma de un rayo de luz pareció parpadear desde ella.

De inmediato, brotaron del disperso grupo de hombres destellos de auténticas llamas, un brillante resplandor que saltaba de uno a otro. Fue como si un chorro invisible incidiera sobre ellos y los convirtiera en una llama blanca. Fue como si cada hombre se hubiera convertido repentina y momentáneamente en fuego.

Luego, a la luz de su propia destrucción, vi como se tambaleaban y caían, y cómo quienes los seguían daban media vuelta y echaban a correr.

Me detuve con los ojos clavados en la escena, sin darme cuenta todavía de que aquello era la muerte saltando de hombre a hombre en aquella pequeña y lejana multitud. Todo lo que sentí fue que había algo extraño. Un destello de luz casi silencioso y cegador, y un hombre caía de bruces y yacía inmóvil; y, a medida que el invisible rayo calórico pasaba sobre ellos, los pinos estallaban en llamas, y cada seco arbusto se convertía con un sordo sonido en una masa de fuego. Y muy lejos, hacia Knaphill, vi el destello de los árboles, los arbustos y los edificios de madera repentinamente incendiados.

Esta muerte flamígera, esta invisible e inevitable espada calórica, efectuaba su barrido de forma rápida y firme. La vi acercarse hacia mí por el estallido de las llamas de los arbustos que tocaba. Me encontraba demasiado sorprendido y estupefacto para moverme. Oí el crujir del fuego en los hoyos de arena y el repentino relincho de un caballo que fue alcanzado. Luego fue como si un dedo invisible pero intensamente ardiente fuera atraído por los brezos que había entre los marcianos y yo, y, a lo largo de una línea curva más allá de los hoyos de arena, el oscuro terreno humeó y crujió. Algo cayó con un fuerte ruido, muy lejos hacia la izquierda, allá donde el camino que viene de la estación de Woking se abre paso a los pastos comunales. Después de esto, el siseó y el zumbido cesaron, y el objeto negro con forma de cúpula se perdió de la vista hundiéndose lentamente en el interior del hoyo.
[...]

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